jueves, 16 de febrero de 2012

Hay niveles...

Al menos eso dice una frase, discriminatoria o no pero a veces la gente y más en ciudades como esta (bendita Ciudad de México) te obligan a mimetizarte por algunos instantes en ciertas actitudes... incluso hasta las más primitivas.

Desafortunadamente en un lugar con tantas personas y poco espacio la paciencia y comprensión hacía el prójimo es lo último que se considera en el ir y venir y responder en la misma frecuencia en cómo te hablan o provocan.

En definitiva creo que hay pendejos que requieren y merecen más que nada en la vida su dosis de chingadazos, donde tal vez no entiendan a la próxima vez que provoquen, pero si lo pensarán o se acordarán de qué puede pasar cuando te pasas de listo y crees que la calle es el lugar donde mandas y haces lo que se te antoja. 

No soy fan de la violencia y menos esta en mi agenda diaria de actividades madrearme a alguien; generalmente hago caso omiso a imbéciles que buscan en mi persona la válvula de escape a su encabronamiento con la novia, trabajo o la vida (desafortunadamente mucho miserable alrededor) pero si se involucra a terceros que me conciernen... mi estomago responderá como hace días. Lo admito sentí satisfacción ver a esa persona en mala condición ese día... hoy soy indiferente.

En resumidas cuentas no soy la persona que muestre el cobre a la mínima provocación, creo y me han dicho que con las palabras suelo echar veneno y ser muy hiriente pero si me buscan... encuentran a un pinche naquito que no avisa y solo va a lo que va. 

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