sábado, 5 de noviembre de 2011

La sana costumbre

Para los supersticiosos este será el fin de una buena racha que he tenido desde hace un par de años y la cuál no me había dado cuenta pero me llena de tanta satisfacción que hasta ganas me dan de expresar (o presumir, como gusten interpretar) 

Todas han tenido en común denominador los viajes y el trabajo y empezamos con el 2009 donde a principios de octubre sufrí el peor ataque en forma física hacía mi persona cuando fui asaltado y golpeado -obvio, me resistí- para quedar como "santocristo" diría una tía,  y puso en duda una gira de trabajo muy interesante: la llegada del fuego olímpico a Canadá. A fuerza de voluntad, muchisímos analgésicos y profesionalismo mi recuperación corporal y psicológica fueron en tiempo récord y a finales de ese mes fui testigo de aquél momento que a muchos canadienses conmovió y emocionó. 

Y no solamente fue el hecho de ser un cronista de aquellos hechos sino de conseguir en pocos días amistades y pasar momentos como pocos en mi vida; confieso que me emocionaba la idea de celebrar el famoso Halloween al Canadian style, lo cuál no se logró e incluso me frustró porque el ritmo del viaje y la disparidad de edades entre los miembros del grupo no alcanzo para crear más comentario, de hecho ese día me quede en mi cuarto y dormí temprano. Sin embargo las reuniones post cobertura en días subsecuentes, en especifico en Vancouver, compensaron por mucho el fallido festejo de noche de brujas.

La personalidad abierta y sincera de Alejandro Guillén -un tipazo- casi una semana de convivencia y recorrido de ciudad en ciudad hizó posible una reunión multicultural, y esa sí, fue al puro Canadian style. Tequila, sake, chelas tamaño australiano, vino y fraternidad engalanaron una noche que añoraba.

Para el 2010 las cosas fueron algo distintas, trabaje y busque oportunidades para ir a cubrir el Mundial de Sudáfrica quedando todo en intento sin embargo desde este hermoso e inseguro país surgieron oportunidades laborales relacionadas al evento que me redituaron en el aspecto económico. Una noche mientras baboseaba por este medio y haciendo cuentas llegue a la conclusión de que: 1) necesitaba vacaciones; 2) tenía recursos suficientes 3) era la oportunidad dorada para por fin cruzar el charco.

Ni tardo y perezoso (aunque se sorprendan) investigue precios, lugares, promociones, calculé fechas y poniéndome de acuerdo con mi subjefe (porque el mero mero solo se hacía güey y nunca atendía el programa que le daba un varote, quién por cierto se indigno por no avisarle e irme más días sin que el menso supiera que tenía 2 años sin vacaciones, pero en fin) pedí permiso, realice pagos correspondientes y a mediados de octubre cumplí un sueño que tenía desde antes que me cambiara la voz y dejará de ver a las niñas de mi salón con ojos de amistad (ñaka-ñaka)

Confieso que hubo momentos donde la soledad era la mejor compañía e incluso me aburría pero lo caminado, paseado, ilustrado, contento y realizado que me sentí nadie me lo arrebatará. La lección valiosa fue la de la administración, tiempo y dinero en especifico. Podría jurar que mi capacidad de adaptación, atención y asombro se potencializaron como hacía mucho no me sucedía; tomé tantas fotos como pude pero me quedan mejores recuerdos.

Finalmente, este año la cosa se puso fea y no es albur. Dicen que la esperanza muere al último pero la mía viva, moría y resucitaba como personaje de Dragon Ball y esa esperanza fue con la posibilidad de ir a los Juegos Panamericanos. 

Por cuestiones de que no me constan pero que encajan a la perfección en el juego de suspicacias así como la ineptitud, inoportunismo e ignorancia algunas personas resultó que a un par de días de arrancar la justa se seguía analizando la opción de asistir... ¡¡¡POR DIOS!!! quienes hayan trabajado conmigo en la H. empresa que me ha albergado durante casi una década no me dejarán mentir pero resulta inverosímil que un evento de tal magnitud, en tu país y con apoyo económico de otras empresas (monstruos en su ramo) no tengan presupuestado o planeada una cobertura, esto me hizo dudar en la capacidad intelectual de más de un directivo-gerente.

Finalmente asistí, con las mil y un restricciones que implica ser NRH (non-right holders) y solamente una semana pero al igual que en las anteriores: conocí gente a toda madre y muy profesional, confirmo que trabajo en lo que me gusta a pesar de depender de gente con poca perspectiva o visión del negocio y dar más del 100% en lo que hago porque mi designación no fue por amiguismo o barberismo, estoy seguro fue por trayectoria y capacidad; por supuesto el aprendizaje en este evento fue inmenso.

Por una u otra circunstancia la segunda semana de octubre ha sido intensa, donde para disfrutar la gloria hay que padecer un poco, situación muy cristiana pero qué se le va a hacer... mientras yo estoy listo para el siguiente año.

TRIVIA
¿En cuál de estas travesías conocí a una de las mujeres más hermosas que he visto en mi vida?

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